No existe un solo método para estudiar. De hecho, cada persona estudia –y sobre todo aprende- de forma distinta a otras. Ello depende tanto de factores personales (resistencia a la fatiga, experiencia previa, autorregulación, niveles de resiliencia…) como de los hábitos de estudio –buenos o malos- adquiridos previamente.
Un hábito es una respuesta automatizada, aprendida por repetición y refuerzo. La mayoría de los hábitos intelectuales se adquieren y consolidan durante el periodo escolar, (estudio memorístico, esquemas y/o resúmenes previamente dictados por el profesor, estudiar a última hora…), extrapolándose posteriormente a situaciones similares. Gran parte de estos procedimientos no funcionan en una oposición.