Existe una creencia generalizada a considerar que las pruebas objetivas son más asequibles pues solo hay que responder a una pregunta cuya respuesta está a la vista. Un opositor experimentado sabe que existen un gran número de respuestas que “le suenan” pero no puede decidirse por una u otra sin riesgo a equivocarse.
Solo se puede reconocer lo que previamente se recuerda, de ahí que si el nivel de preparación previa del contenido es muy superficial, descontextualizado o está mal estructurado no se pueda extraer una respuesta de nuestra memoria, sencillamente porque no es recuperable.